Jesús,
el que vivió entre nosotros y murió, no quedó
muerto sino que resucitó, apareciéndose a los discípulos
y mucha otra gente. Así nos aseguró que también
nosotros moriremos y resucitaremos con Él. Por eso la muerte
ya no es más el fin de la vida del cristiano, sino un verdadero
nacimiento a la vida verdadera.
En nuestra parroquia construimos
un CINERARIO, que es el lugar donde se pueden depositar las cenizas
de los difuntos que fueron cremados. Desde la fe en Jesús,
creemos que cuando morimos resucitamos por su amor. Por eso, en las
cenizas ya no está más la persona que amamos, sino que
está viva con Jesús. Al igual que hacían los
primeros cristianos, que celebraban la misa sobre las tumbas de los
mártires para significar la resurrección prometida,
este CINERARIO está debajo del altar, sobre el que celebramos
todos los días el sacrificio de Jesús. De este modo,
queremos que nuestra fe le dé un sentido nuevo a la muerte
y a la vida eterna.
El miércoles 12 de noviembre
a las 20 horas, hicimos una celebración para bendecir el CINERARIO
y para depositar los restos de tres personas de la comunidad. Fue
una ceremonia festiva, alegre, donde la fe llenó el corazón
de los familiares y sanó el dolor de la distancia, y lo compartimos
con muchas personas de la comunidad. El domingo 16, en la misa de
10 horas presentamos a las tres personas, que están vivas con
Jesús, cuyos restos están bajo el altar.
Los segundos miércoles
de cada mes, a las 20 horas, tendremos la ceremonia para depositar
a aquellos que murieron y fueron cremados, y los segundos domingos
a las 10 horas, ofreceremos la misa de intercesión, con la
presencia de los familiares.
Que Dios nos conceda la gracias
de que la fe, le dé sentido a todas las cosas de nuestra vida,
y así seamos testigos de una vida más feliz para este
mundo tan triste y desesperanzado. Esta es la verdadera misión
que nos pide la Iglesia y está claramente reflejada en el documento
de Aparecida: "Ser discípulos y misioneros".
Que Dios los bendiga y afiance
su fe.
Padre Juan Carlos Casado